¡Hola a todos, viajeros curiosos y amantes de la cultura! Hoy quiero que hablemos de algo que me toca el corazón cada vez que pienso en ello, y es la situación de nuestros vecinos en Túnez.
Cuando uno piensa en este país, a menudo le vienen a la mente sus playas bañadas por el sol, sus mercados vibrantes o la rica historia de Cartago, ¿verdad?
Pero como buen explorador, siempre me gusta ir un poco más allá de la superficie, y la verdad es que bajo ese manto de belleza, Túnez enfrenta desafíos muy reales, especialmente en lo que respecta a la pobreza.
Personalmente, he seguido de cerca cómo la situación económica global, sumada a factores internos, ha ido moldeando la vida de muchísimas familias tunecinas.
Es una realidad compleja, que va desde el día a día para conseguir alimentos básicos hasta la búsqueda desesperada de empleo, sobre todo para los jóvenes.
Me he dado cuenta de que hablar de esto no solo es importante, sino necesario, para entender mejor el mundo en el que vivimos. No se trata solo de números fríos, sino de historias de vida, de sueños pospuestos y de la resiliencia de un pueblo.
En este artículo, vamos a desentrañar juntos qué está pasando realmente en Túnez, cuáles son las causas detrás de estas dificultades y, lo más importante, qué se está haciendo al respecto y cómo afecta a la vida de las personas.
¡Vamos a descubrirlo a fondo!
La realidad económica tunecina: Un panorama con matices desafiantes

Un vistazo más allá de los números fríos
¡Hola de nuevo, exploradores! Hoy quiero llevaros conmigo a reflexionar sobre la compleja situación económica que se vive en Túnez. Y es que, detrás de las postales de ensueño que solemos ver, hay una realidad que me ha conmovido profundamente.
Desde el año 2011, el crecimiento económico del país ha sido más bien modesto, manteniéndose en cifras bajas, como el 0% en 2023 o un 1.4% proyectado para 2024.
Me he dado cuenta de que el Producto Interno Bruto (PIB) de Túnez todavía no ha logrado recuperar los niveles previos a la pandemia, lo cual nos da una idea de la magnitud del desafío que enfrentan.
Lo más impactante, para mí, es saber que alrededor de un tercio de la población tunecina, ¡más de cuatro millones de personas!, vive en situación de pobreza o rozando ese umbral, según datos de 2022.
Es una cifra que te hace pensar, ¿verdad? Y, lamentablemente, la tasa de pobreza ha ido en aumento, pasando de un 15.2% en 2015 a un 16.6% en 2021, en parte a causa de la COVID-19.
Esto significa que muchas familias están luchando día a día, y un porcentaje cada vez mayor de la población se encuentra en una situación vulnerable, con el riesgo latente de caer en la pobreza más profunda.
Para ser sincero, esta crisis no es solo económica, sino que se ha convertido en un desafío a múltiples niveles: social y político.
El trasfondo de una economía en apuros
Si profundizamos un poco más, vemos que esta situación tiene raíces complejas. Una parte importante del problema se ha gestado durante la actual transición política del país.
Además, los fenómenos naturales han jugado un papel crucial; la sequía, por ejemplo, ha golpeado con fuerza al sector agrícola, que es vital para la economía, frenando su crecimiento de manera significativa.
De hecho, el 0.4% de crecimiento del PIB en 2023 se atribuye en gran medida a cuatro años consecutivos de lluvias por debajo del promedio. A esto se suman factores externos, como la incertidumbre en el financiamiento global y una demanda que no termina de despegar.
Otro punto que me preocupa es la deuda pública, que ha escalado del 67.8% del PIB en 2019 al 81.2% en 2024. Escuché que el servicio anual de la deuda superará los 4.6 mil millones de dólares en 2025, una cifra abrumadora.
Gran parte de esta deuda, un 58%, está en manos de acreedores multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo, mientras que un 25% corresponde a socios bilaterales, incluyendo países europeos como Alemania y Francia.
Para mí, está claro que se necesita una política macroeconómica prudente y una consolidación fiscal robusta a medio plazo para que esta deuda sea sostenible.
Es un equilibrio delicado, lo sé, pero esencial para el bienestar de la gente.
Cuando el bolsillo aprieta: Inflación y la cesta de la compra
El enemigo silencioso de la canasta básica
Amigos, ¿os imagináis ir al supermercado y ver cómo los precios suben sin parar? Esa es la dura realidad en Túnez. La inflación ha sido un verdadero dolor de cabeza, manteniéndose por encima del 9.3% en 2023, debido en gran parte al alto costo de las materias primas que el país necesita importar.
Recuerdo haber visto datos de agosto de 2022 donde la inflación ya estaba en un preocupante 8.6%. Y lo que más me impactó es que la inflación alimentaria llegó a un 10.2% en marzo de 2024, afectando de lleno a las familias con menos ingresos.
Aunque he visto que, por suerte, ha habido una moderación, bajando a un 5.9% en marzo de 2025 y a un 5.3% en julio de 2025, el nivel más bajo desde mayo de 2021.
Pero aún así, los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas representan un 26% del índice de precios al consumidor, lo que significa que el aumento de precios en productos básicos como la carne de cordero (¡un 24%!), los aceites (21.8%), el pescado (12.5%) y las verduras (9%) se siente directamente en el día a día de la gente.
Además, el dinar tunecino, la moneda local, ha perdido valor desde la crisis de 2008, encareciendo aún más las importaciones de productos esenciales como el trigo.
Desabastecimiento y la lucha diaria por los alimentos
Lo que más me duele es escuchar las historias de desabastecimiento. La escasez de alimentos básicos como el azúcar, la leche, la mantequilla, el aceite de cocina y el arroz ha provocado estantes vacíos en los supermercados y ha forzado a la gente a pasar horas buscando estos productos.
Es una lucha diaria que afecta profundamente la dignidad. Túnez dependía en gran medida de Ucrania y Rusia para la mitad de su consumo de cereales, lo que la hizo muy vulnerable a las consecuencias de la guerra en esa región.
El acceso a alimentos nutritivos no es solo una cuestión de disponibilidad, sino de poder adquisitivo, y el bajo poder de compra de las poblaciones más vulnerables se convierte en un obstáculo gigante.
Por si fuera poco, la agricultura tunecina atraviesa una crisis profunda. Políticas económicas liberales han llevado al desmantelamiento de cooperativas, el deterioro de infraestructuras y una drástica reducción de la inversión estatal.
Lo que antes era un “Túnez verde” ahora ve cómo los monocultivos destinados a la exportación, como las fresas o los cítricos, desplazan a los sistemas alimentarios locales diversificados, aumentando la vulnerabilidad ante la sequía y la inseguridad alimentaria.
El futuro en pausa: Desempleo juvenil y la búsqueda de oportunidades
Soñar con un futuro en un mar de incertidumbre
Si hay algo que me preocupa especialmente, es la situación de los jóvenes en Túnez. Me imagino a todos esos chicos y chicas con sueños, con ganas de aportar, y se encuentran con un muro.
La tasa de desempleo subió a un 16% en el tercer trimestre de 2024, desde un 15.8% en 2023. Y no solo eso, ¡el desempleo juvenil, para los que tienen entre 15 y 24 años, alcanzó un impactante 40.05% en 2024!
Si lo comparamos con el promedio mundial del 15.70%, la diferencia es abismal. Directamente he visto que más del 20% de los universitarios recién graduados no encuentran trabajo, y lo que es aún más desalentador, la mayoría de ellos son mujeres.
Recuerdo haber leído que la falta de movilidad económica es una de las razones principales detrás del descontento en la región. Es como si a una generación entera se le estuvieran poniendo barreras para construir su propio camino.
Migración: Una válvula de escape con sus propios riesgos
Con este panorama, es comprensible que muchos busquen alternativas desesperadas. Las precarias condiciones económicas en Túnez obligan a muchísimas personas a aceptar trabajos informales, a menudo mal pagados, o, en última instancia, a considerar la migración como única salida.
He notado que el aumento de los flujos migratorios que atraviesan el país ha contribuido a agudizar algunas problemáticas sociales. Para mí, esto es una clara señal de que la situación es insostenible para muchos, que ven en otros horizontes la posibilidad de una vida más digna, aunque ello implique enfrentar riesgos enormes.
Es desgarrador pensar que la esperanza se ponga fuera de casa, pero entiendo perfectamente por qué se sienten así.
La red de apoyo: Esfuerzos nacionales e internacionales
Iniciativas locales que marcan la diferencia
A pesar de la oscuridad, siempre hay luces de esperanza. Y en Túnez, me ha encantado ver que existen iniciativas que marcan la diferencia. El país cuenta con un sistema de protección social bastante bien estructurado en comparación con otros países de la región árabe.
Me enteré de que en 2019 se lanzó el programa “Amen Social”, que es una maravilla porque integra programas anteriores y ofrece transferencias monetarias y acceso a servicios de salud gratuitos o subvencionados.
¡Imagínate, este programa está llegando a más de 333,000 hogares pobres, lo que representa más del 10% de la población total! También he visto el increíble trabajo de Cáritas Túnez, que lleva desde los años 40 apoyando a las poblaciones desfavorecidas, con microproyectos educativos, actividades recreativas para niños en riesgo y refugios para migrantes.
Y no puedo dejar de mencionar a Samusocial du Grand Tunis, que desde 2015 ofrece asistencia móvil de emergencia a personas sin hogar, con apoyo médico, psicológico y social.
La Federación Tunecina de Solidaridad Social también contribuye enormemente con programas de asistencia social y apoyo financiero y técnico a microempresas para crear medios de vida.
Finalmente, me llegó al corazón el trabajo de ICID, una ONG española que, desde 2005, lucha por los derechos de las mujeres, la precariedad laboral y la violencia de género en los barrios más vulnerables.
El papel crucial de la cooperación internacional
Y claro, la ayuda no viene solo de dentro. La cooperación internacional juega un papel fundamental. El Banco Mundial, por ejemplo, ha estado apoyando el sistema de protección social de Túnez desde 2014, especialmente el programa Amen Social.
Su marco de asociación para el periodo 2023-2027 busca un crecimiento más rápido e inclusivo, fortaleciendo el capital humano y la resiliencia de los hogares.
Incluso hay un fondo fiduciario, el TERI, que está dando un impulso adicional al programa Amen Social, con asistencia técnica para establecer un sistema de gestión de casos y reforzar el acceso a la ayuda legal y los servicios sociales.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) también ha estado muy activo, asesorando en la construcción de capacidades y reconociendo el valor de las comidas escolares como una red de seguridad social para 260,000 niños vulnerables.
Me fascinó saber que Japón ha financiado un proyecto de 1.5 millones de dólares para fomentar el empleo juvenil, especialmente en la “economía verde”, formando a 700 jóvenes y creando 328 ecoproyectos desde 2012.
Y Oxfam, desde 2012, ha sido un pilar en el apoyo a la transición democrática, la justicia de género y la movilización ciudadana para reducir las desigualdades.
¡Uff, cuánta gente buena trabajando por un futuro mejor!
Voces que no se callan: Protestas y el clamor por el cambio

El descontento popular en las calles
A veces, la presión es tanta que la gente no puede más y sale a la calle. Y en Túnez, he visto cómo las protestas se han convertido en una forma de expresar el profundo descontento.
Cientos de tunecinos han salido a la capital a manifestarse contra la pobreza, los precios desorbitados y la escasez de alimentos. Recuerdo haber visto imágenes de gente levantando panes al aire en barrios como Douar Hicher, o jóvenes quemando neumáticos en Mornag.
Los eslóganes, como “Empleo, libertad y dignidad nacional” o “No podemos soportar las locas subidas de precios”, resuenan en las calles y me hacen sentir la urgencia de su situación.
Incluso ha habido tragedias personales, como el suicidio de un joven en Mornag, que según su familia, se ahorcó tras ser acosado por la policía municipal por vender fruta sin permiso.
Es desgarrador y te hace ver la desesperación. En los círculos políticos hay un miedo palpable a que estos problemas desemboquen en protestas aún mayores.
Como he leído por ahí, “la inflación y la economía, más que la libertad política, son clave. La primera y principal razón de los disturbios en el mundo árabe es siempre la falta de movilidad económica”.
El diálogo necesario para un futuro más justo
Ante este panorama, me pregunto: ¿cómo se puede avanzar? El gobierno tunecino enfrenta un desafío enorme, especialmente desde que el presidente asumió el control en julio de 2021 y empezó a gobernar por decreto.
Están buscando desesperadamente nuevos préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para evitar un colapso total de las finanzas públicas. Sin embargo, las reformas que el FMI había propuesto en el pasado se han ido posponiendo, lo que ha generado una situación aún más complicada.
Es evidente que se necesita un diálogo abierto y constructivo, donde se escuchen las voces de todos, para encontrar soluciones duraderas y construir un futuro donde la dignidad y las oportunidades sean una realidad para cada tunecino.
Es un camino arduo, pero creo firmemente en la capacidad de la gente para impulsar ese cambio.
Historias de resiliencia: La fuerza del espíritu tunecino
Enfrentando la adversidad con ingenio
Si algo me ha enseñado mi experiencia, es que el espíritu humano es increíblemente resiliente. Y en Túnez, a pesar de todas las dificultades, he encontrado historias que te llenan el alma.
Como la de Nesrine Berhouma, una joven de 27 años que, ante la escasez de empleos, ¡decidió emprender su propio negocio de cría de caracoles! Sé que no fue fácil para ella, me contaba lo complicado que era lidiar con la burocracia y los bancos, un verdadero “recorrido de obstáculos”.
Pero ahí está, luchando y aprendiendo sobre la marcha. Historias como la suya me recuerdan que la gente no se rinde fácilmente. Muchos tunecinos, incluyendo desempleados, trabajadores, limpiadores y jubilados, recurren a trabajos informales, como la recolección de residuos, para asegurar su sustento diario.
A ellos les llaman “barbechas” y su ingenio y esfuerzo me demuestran la fuerza inquebrantable de este pueblo. Es un testimonio de que, cuando se cierran algunas puertas, siempre se busca una ventana.
La comunidad como pilar de esperanza
Más allá de las historias individuales, he sentido que la comunidad es un pilar fundamental. En tiempos difíciles, la solidaridad y el apoyo mutuo se vuelven esenciales.
Organizaciones locales y la misma gente unen fuerzas para ayudarse unos a otros, creando redes de contención que alivian la carga. Es en esos momentos donde uno ve la verdadera esencia de un pueblo, esa capacidad de tender la mano al vecino, de compartir lo poco que se tiene y de encontrar fuerza en la unión.
Esta resiliencia colectiva es, sin duda, la mayor esperanza para Túnez.
Mirando al horizonte: Los desafíos y la esperanza de un mañana mejor
Construyendo puentes hacia la estabilidad
Aunque hemos visto que la situación es compleja, no todo está perdido. Para mí, es fundamental reconocer que, si bien hay avances en algunos frentes, los desafíos son enormes y requieren un esfuerzo continuo.
Pienso en la necesidad de seguir impulsando reformas económicas y de fortalecer las instituciones para crear un crecimiento sostenible que realmente beneficie a todos.
La verdad es que construir un futuro más estable significa, en gran medida, fortalecer esos sistemas de protección social que ya existen y asegurarse de que lleguen a quienes más los necesitan.
Y un aspecto crucial, desde mi punto de vista, es el enfoque en el empleo juvenil. Tenemos que abrir más puertas para que los jóvenes puedan desarrollar su potencial, especialmente en sectores emergentes como la economía verde, que no solo ofrece oportunidades laborales, sino que también contribuye a un futuro más sostenible para el país.
Sé que es un camino largo, pero la dirección es clara.
Un camino largo pero necesario
Túnez es un país con una economía diversificada y orientada al mercado, y ha sido, en muchos aspectos, un ejemplo de éxito en África y en Oriente Medio.
Sin embargo, se encuentra en un punto crítico, enfrentando la necesidad de equilibrar su trayectoria con las demandas de su gente. La Unión Europea es su principal socio comercial, lo que le da una posición importante en el panorama internacional.
Como sé que muchos no lo saben, Túnez es parte del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales desde 1969, lo que implica una protección implícita del derecho a una alimentación adecuada.
Esto me hace pensar que hay una base legal y moral fuerte para seguir luchando. Aunque el gobierno pronostica un crecimiento económico del 2.1%, sé que hay mucha incertidumbre y que la clave estará en la implementación de políticas que lleguen a la gente.
No va a ser fácil, lo reconozco, pero creo firmemente en el potencial de Túnez y en la determinación de su gente para forjar un futuro más próspero y justo.
| Indicador Clave | Dato Reciente | Referencia |
|---|---|---|
| Crecimiento del PIB (2023) | 0% | |
| Crecimiento del PIB (2024) | 1.4% | |
| Población en Pobreza o Umbral (2022) | 1/3 de la población (> 4 millones) | |
| Tasa de Pobreza (2021) | 16.6% | |
| Inflación Anual (Julio 2025) | 5.3% | |
| Inflación Alimentaria (Marzo 2024) | 10.2% | |
| Tasa de Desempleo (Q3 2024) | 16% | |
| Tasa de Desempleo Juvenil (2024) | 40.05% | |
| Deuda Pública (2024) | 81.2% del PIB |
Para finalizar
¡Vaya viaje hemos hecho hoy por la compleja realidad económica de Túnez! A veces, detrás de las imágenes idílicas de sus playas y su historia milenaria, se esconde una lucha diaria que me ha conmovido. He querido compartir con vosotros no solo los números y las estadísticas, sino también las historias y las voces que reflejan la increíble resiliencia de su gente. Desde la lucha contra la inflación hasta el desafío del desempleo juvenil, pasando por la esperanza que ofrecen las iniciativas locales y la cooperación internacional, cada aspecto me recuerda que detrás de cada dato hay personas, familias y sueños.
Información útil y puntos clave
1. Desafíos Económicos persistentes: Túnez enfrenta un crecimiento económico modesto, alta inflación (especialmente en alimentos) y una creciente deuda pública. Estos factores impactan directamente en el poder adquisitivo de las familias y en la disponibilidad de productos básicos.
2. El impacto de la Sequía: Cuatro años de sequía han golpeado duramente el sector agrícola, frenando el crecimiento económico y afectando la seguridad alimentaria. Esto ha puesto en evidencia la vulnerabilidad del país a los fenómenos naturales.
3. Desempleo Juvenil alarmante: La tasa de desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años supera el 40%, lo que empuja a muchos a buscar oportunidades laborales en el extranjero o a recurrir a la economía informal.
4. Una Red de Apoyo robusta: A pesar de los problemas, Túnez cuenta con un sistema de protección social bien estructurado y numerosas organizaciones nacionales e internacionales que trabajan para mitigar la pobreza y ofrecer ayuda en diversas áreas.
5. Resiliencia y Emprendimiento: La población tunecina demuestra una admirable capacidad para enfrentar la adversidad, con historias de emprendimiento innovador y una fuerte solidaridad comunitaria que se convierte en un pilar fundamental en tiempos difíciles.
Lo más importante para llevarte
La situación en Túnez es un claro ejemplo de cómo la economía, la política y la vida cotidiana de las personas están intrínsecamente ligadas. Como he podido ver y sentir, este país se encuentra en un punto crítico, pero la determinación de su gente y el apoyo continuo, tanto interno como externo, son fundamentales para construir un camino hacia un futuro más próspero y equitativo. Me quedo con la esperanza de que, a través del diálogo y un esfuerzo concertado, Túnez pueda superar sus desafíos y seguir siendo un faro de resiliencia en la región. Estoy convencido de que su potencial es inmenso y que, con el enfoque adecuado, se pueden abrir nuevas y emocionantes oportunidades para todos.
Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖
P: ¿Cuáles son las principales causas detrás de la pobreza en Túnez y por qué parece ser un desafío tan persistente?
R: ¡Ay, qué buena pregunta! Es la que muchos nos hacemos cuando vemos la resiliencia de su gente. Por mi experiencia, y lo que he investigado a fondo, la pobreza en Túnez es un monstruo de varias cabezas.
Una de las causas más grandes es, sin duda, la fragilidad de su economía, que se ha visto muy golpeada por factores globales y también internos. Pienso en la inflación, que parece una carrera sin fin, encareciendo la vida de una manera insostenible para muchísimas familias.
Yo he conversado con personas allí, y el aumento constante del costo de la vida es su mayor preocupación, haciendo que el poder adquisitivo de sus sueldos se desvanezca como arena entre los dedos.
Esto, por supuesto, dispara el desempleo, especialmente entre los jóvenes, que a veces tienen una formación excelente pero no encuentran oportunidades.
Además, la economía informal es enorme, abarcando entre el 40% y el 60% del total, lo que significa que muchos trabajos no ofrecen seguridad ni beneficios, dejando a la gente muy vulnerable.
Las disparidades regionales también son brutales; no es lo mismo vivir en la capital que en una zona rural, donde las oportunidades son aún más escasas.
La deuda pública que supera el 80% del PIB, y la dependencia de algunos sectores, como el turismo (aunque importante para el PIB, cerca del 14% en 2024), también añaden capas de complejidad que hacen que el país tenga menos margen de maniobra para invertir en el bienestar de su gente.
En mi opinión, es una mezcla compleja de factores macroeconómicos y problemas estructurales que se retroalimentan, haciendo que salir de este ciclo sea un verdadero reto.
P: ¿Cómo se manifiesta la pobreza en el día a día de las familias tunecinas? ¿Hay historias o situaciones que te hayan impactado?
R: ¡Claro que sí! Esta es la parte que más me llega al corazón, porque la pobreza no es solo una estadística; es la realidad cruda de millones de personas.
Lo he visto con mis propios ojos, y he escuchado testimonios que te marcan. Para una familia tunecina, el día a día puede ser una lucha constante por lo más básico.
Imagínate tener que pasar horas buscando productos esenciales como el azúcar, la leche o el aceite de cocina porque escasean en los supermercados. Esto no es solo una molestia, es un desgaste físico y emocional enorme.
La preocupación por el coste de vida es tan alta que muchas personas se ven obligadas a endeudarse solo para cubrir sus necesidades básicas, sin ninguna posibilidad de ahorrar o pensar en un futuro mejor.
Me acuerdo de una señora en un mercado que me contaba cómo su marido, que antes tenía un trabajo estable, ahora complementaba sus ingresos recogiendo cartones y plásticos porque no les llegaba para nada.
Es la “vida invisible de los ‘barbechas'”, como se les llama a los recolectores de residuos, que antes eran solo desempleados, pero ahora incluyen a obreros, limpiadores y jubilados.
Es una imagen muy dura ver a personas recorriendo las calles desde el amanecer hasta la noche con sacos pesados, solo para conseguir el sustento. Esta situación no solo afecta la economía, sino también la salud y la educación; la malnutrición y las carencias de micronutrientes son problemas reales, y el acceso a una educación de calidad se vuelve un lujo para muchos, perpetuando el ciclo de la pobreza.
En resumen, la pobreza en Túnez es una batalla diaria por la dignidad y la supervivencia, que roba esperanzas y sueños a su gente.
P: Ante este panorama, ¿qué esfuerzos se están realizando para combatir la pobreza en Túnez, y cómo podemos, desde fuera, apoyar de manera efectiva?
R: ¡Esta es la pregunta clave que nos da un rayo de esperanza! A pesar de los desafíos, hay muchísimos esfuerzos en marcha, y eso es algo que siempre me ilusiona.
Túnez está comprometido en la lucha contra el hambre y la pobreza, y forma parte de iniciativas globales como la Alianza Mundial contra el Hambre y la Pobreza.
Esto se traduce en programas concretos; por ejemplo, el gobierno ha ampliado el programa de comidas escolares para llegar a niños vulnerables, reconociendo que esto no solo mejora la nutrición, sino que también fomenta la asistencia a la escuela y la cohesión social.
Organizaciones como UNICEF y Oxfam también están muy activas en el terreno. UNICEF, por ejemplo, ha estado trabajando en programas de protección social y ha logrado hitos importantes, como la introducción de la vacuna contra el VPH para niñas en 2025.
Oxfam, por su parte, se enfoca en el empoderamiento económico de las mujeres y la juventud, la participación ciudadana y la lucha contra las desigualdades de género, que son causas profundas de la pobreza.
Como bien sabemos, invertir en las mujeres y en los jóvenes es apostar por el futuro. Desde nuestra posición, apoyar de manera efectiva puede ir por varias vías: donar a organizaciones fiables que trabajan directamente en Túnez, como las que mencioné, es una forma directa de ayudar.
También podemos apoyar proyectos de desarrollo sostenible que generen empleo local y empoderen a las comunidades. Y algo que a menudo olvidamos, pero que es poderosísimo: ¡informarnos y hablar sobre el tema!
Conocer la realidad, compartir estos artículos y generar conciencia es fundamental para que estos desafíos no queden en el olvido. Cada pequeña acción cuenta para tejer una red de apoyo más fuerte para nuestros hermanos tunecinos.






